Así que ya lo saben. Las señales en el cielo llegan después de un tiempo de gran sufrimiento y anuncian nada menos que la segunda venida de Jesucristo, acompañada de ángeles, nubes, gloria y una espectacular reunión internacional de elegidos. Todo muy discreto.
Faltan apenas horas para el esperadísimo eclipse total, que rozará Groenlandia y atravesará España desde la cornisa cantábrica hasta el Levante para despedirse, ya rebasado, por Mallorca. Y, naturalmente, semejante acontecimiento plantea algunas cuestiones.
La primera: ¿qué tendrán que decir los terraplanistas? Porque si la Tierra fuese ese maravilloso disco que algunos imaginan, explicar por qué la sombra lunar se comporta como lo hace va a requerir bastante más imaginación que un vídeo de YouTube.
La segunda, bastante más preocupante, es la salud mental de quienes están dispuestos a pagar 2.000 euros por una habitación turística con tal de contemplar unos minutos de oscuridad. Aunque, bien pensado, quizá sea un precio razonable comprobar que el Sol sigue existiendo cuando termina el espectáculo y que se han quedado cegateras… Las vacunas curaban el COVID con un crecimiento del 300% de casos de cáncer, entre los millones de secuelas… ¿Unas gafas?… jajajajajajajaja…
Y la tercera preocupa especialmente a la sanidad pública: esos paisanos decididos a no apartar la vista del fenómeno porque, al disminuir la luminosidad, han llegado a la conclusión científica de que mirar directamente al Sol debe de resultar menos peligroso. Conviene advertirlo: que no duela no significa que no haya daño. La retina puede quedar gravemente lesionada sin emitir una queja inmediata. No es una experiencia inmersiva; es oftalmología. ¿otras gafas? o a militar en la ONCE…
En cualquier caso, el año que viene habrá nuevas oportunidades para observar otro eclipse. Eso sí, servirán las mismas gafas y los mismos telescopios. Dos eclipses totales visibles desde un punto cercano de la Tierra, tarda 375 años en producirse. No creo que por mucha cámara hiperbárica que utilicemos nos dé para tanto.
Y, por supuesto, el fenómeno también será aprovechado por quienes cobran por explicar cómo los astros determinan nuestras vidas. La astronomía, al parecer, todavía tiene que financiar a la astrología. Y los tontos a los golfos.
En realidad, y si uno lo que realmente busca es un espectáculo, resulta más divertido observar el eclipse permanente de la inteligencia de muchos. Basta con cerrar los ojos para, observándose a uno mismo y a la situación general que nos gobierna, contemplar el eclipse que todo lo ennegrece…
Caminar por las nubes para ver los eclipses, es como ir a Ceuta a tomar el sol, sin eclipse…
José Antonio RULFO










