En la Tierra a viernes, agosto 21, 2026

HABLA AMI BONDÍA, DIRECTORA DEL MÁSTER UNIVERSITARIO EN PERIODISMO MULTIMEDIA DE LA VIU

Bulos climáticos: El consumo errático de información en verano dispara nuestra vulnerabilidad

EL MECANISMO DE LAS FAKE NEWS ES COMO CON UNA PLANTA INVASORA QUE APROVECHA LA RELAJACIÓN DE LA AUDIENCIA PARA EXPANDIRSE 

Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas. Foto: @Iberia

“Cuando una persona deja de usar protección solar por un bulo, desconfía de las recomendaciones sanitarias o toma decisiones basadas en información falsa durante una emergencia climática, las consecuencias trascienden el ámbito digital y afectan directamente a su bienestar y al de toda la sociedad”.

Ami Bondía, directora del Máster Universitario en Periodismo Multimedia de la Universidad Internacional de Valencia (VIU)

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Tradicionalmente, el consumo de información era pautado y reflexivo: abríamos el periódico o veíamos el telediario a una hora fija. Sin embargo, en verano, el consumo se vuelve errático, fragmentado y puramente móvil entre la playa y las terrazas. Esta combinación favorece un consumo rápido y superficial donde se dedica menos tiempo a contrastar fuentes y se suele consumir contenido mientras se realizan otras actividades.

Ante este panorama, Ami Bondía, directora del Máster Universitario en Periodismo Multimedia de la Universidad Internacional de Valencia (VIU), perteneciente a la red de educación superior Planeta Formación y Universidades, explica que la vulnerabilidad aumenta porque las redes sociales están diseñadas para captar la atención en segundos. Desde una tumbona o una terraza, se tiende a reaccionar más desde la emoción, bajando la guardia frente a los bulos en los momentos en que el pensamiento crítico está menos activo.

El contagio digital y la manipulación de la realidad

Frente a las estrategias de desinformación estival, Bondía compara el mecanismo de una fake news con las semillas de una planta invasora: “No necesitan un gran terreno para crecer; basta con encontrar un suelo poco vigilado. En verano ese terreno es una audiencia más relajada, más conectada al móvil y menos predispuesta a detenerse a verificar”.

Las noticias falsas no triunfan por ser más creíbles, sino porque conectan con emociones como el miedo, la sorpresa o la indignación. De acuerdo con la experta de la VIU, la mejor desinformación no parte de una mentira absoluta, sino de un hecho real, como una ola de calor o un incendio, al que se le añade una interpretación falsa.

“Es mucho más fácil manipular cuando el usuario está viviendo aquello que ve en la pantalla. Si una persona está soportando temperaturas extremas, cualquier mensaje que aparente ofrecer una explicación sencilla puede resultar más convincente”, advierte la docente, subrayando la importancia de distinguir entre hechos e interpretaciones.

Validación comunitaria y un riesgo para la salud pública

Compartir un bulo climático o científico, incluso bajo la premisa de “por si acaso es verdad”, responde en la mayoría de los casos a un comportamiento social donde se busca participar y pertenecer. Añade que el problema radica en que los algoritmos no distinguen si se comparte un contenido para apoyarlo o debatirlo, aumentando su visibilidad con cada interacción.

Esta dinámica convierte a la desinformación en un peligro tangible. “Cuando una persona deja de usar protección solar por un bulo, desconfía de las recomendaciones sanitarias o toma decisiones basadas en información falsa durante una emergencia climática, las consecuencias trascienden el ámbito digital y afectan directamente a su bienestar y al de toda la sociedad”, recalca. En este contexto, la alfabetización mediática y el pensamiento crítico se vuelven competencias ciudadanas y necesidades democráticas.

El reto del periodismo en la era de la “infoxicación”

Para combatir este escenario, los profesionales de la comunicación deben adaptar sus formatos sin perder el rigor. La inteligencia artificial se posiciona como una extraordinaria aliada para acelerar los procesos de verificación o detectar imágenes manipuladas, pero el valor diferencial sigue estando en el criterio y la responsabilidad ética del periodista.

Poner freno a la desinformación implica también competir por la atención del usuario. Mediante el uso de vídeos breves, gráficos interactivos y narrativas visuales, es posible acercar contenidos rigurosos de forma atractiva a una audiencia que decide desde las emociones.

Como titular definitivo de este ecosistema digital, Bondía sentencia: “La desinformación ya no compite por ser creída; compite por ser compartida”.

Seguiremos Informando…

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