La XXX Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno arranca este 4 de noviembre en Madrid, en medio de la creciente competencia de Estados Unidos, China y la Unión Europea por reforzar su influencia en América Latina. Con una agenda centrada en la cooperación, la transformación digital, la educación y los desafíos económicos y sociales, el encuentro busca reforzar los vínculos entre ambas orillas del Atlántico y recuperar el consenso político tras las dificultades de la anterior edición, celebrada en Ecuador en 2024. Pero, más allá de la agenda institucional, la cita plantea una cuestión clave: ¿qué intereses y prioridades deberían defender las empresas españolas en este nuevo escenario de relaciones entre Europa y América Latina?
Con motivo de este encuentro, LLYC ha lanzado una edición especial de UNO, su plataforma digital always-on de debate de ideas, bajo el título ‘El triángulo atlántico’. El monográfico reúne a expertos de América Latina, Europa y Estados Unidos para analizar las claves geopolíticas de la Cumbre, sus implicaciones económicas y las oportunidades que se abren para empresas y sociedad civil. Sobre el papel que puede desempeñar el sector empresarial en este nuevo escenario, los retos de las relaciones transatlánticas y la necesidad de incorporar la geopolítica a las decisiones corporativas, PRNoticias conversa con Luis Guerricagoitia, director de la oficina de LLYC en Madrid.
¿Qué papel quiere desempeñar LLYC en la conversación política y empresarial ante la Cumbre Iberoamericana de Madrid?
LLYC busca actuar como un agente catalizador y facilitador del diálogo entre tomadores de decisiones. En lugar de limitarnos a un análisis pasivo, queremos aprovechar nuestra propia identidad y presencia histórica en los tres continentes (Estados Unidos, América Latina y Europa) para conectar el ecosistema empresarial con la conversación institucional y política. Nuestra meta es evitar que el diálogo se quede en un mero “debate de salón”.
¿Por qué ha decidido LLYC lanzar esta edición de UNO antes de la Cumbre y qué debates pretende introducir en la agenda pública?
Publicamos esta edición aprovechando que la Cumbre llega en un “punto de inflexión” geopolítico, marcado por la competencia directa de Estados Unidos, la Unión Europea y China por la influencia en Latinoamérica. Ante el viraje de Washington hacia políticas más intervencionistas y la fragmentación interna en Latinoamérica, en LLYC buscamos movilizar ideas antes del encuentro para que las empresas dejen de operar en modo business as usual y anticipen los cambios.
¿Qué debates pretendemos introducir?
Por ejemplo, abordar el tratamiento de la geopolítica en las empresas; promoviendo la visión de que la geopolítica ya no es un capítulo de riesgos secundario, sino un factor central que decide inversiones, comercio y regulaciones. También queremos impulsar la necesidad de dejar de ver a Latinoamérica como una “plataforma de influencia y liderazgo”, atendiendo a la demanda histórica de la región de contar con socios sostenibles en el largo plazo. Y luego vemos la necesidad de aprovechar el Triángulo Atlántico: Profundizar en la comunidad de valores que une a Latinoamérica y Europa (con España y Portugal como puerta natural) para ganar competitividad frente a potencias como EE. UU. y China.
¿Qué intereses de las empresas españolas considera que deberían tener mayor presencia en las conversaciones entre los gobiernos iberoamericanos?
Hay algunos intereses clave que deben formar parte de la agenda gubernamental como la superación del aislamiento. Es necesario dotar a la relación bilateral de mayor “tiempo político invertido”, asegurando que los acuerdos comerciales (como el de UE-Mercosur) se traduzcan en cuota de mercado real. También hay que fortalecer la seguridad jurídica y fronteriza. Abordar los riesgos asociados a la creciente fragmentación regional, las tensiones sobre soberanías y fronteras, y la impredecibilidad derivada de los ciclos electorales. Y luego sería bueno garantizar que la presencia de España y Portugal no sea relegada por la intensidad de la disputa entre China y EE. UU., consolidando a nuestras empresas como socias estratégicas de largo plazo en la transformación regional.
¿Cómo puede LLYC trasladar las reflexiones recogidas en UNO a los responsables políticos, instituciones y organizaciones empresariales que participarán en la Cumbre?
En LLYC canalizamos estas reflexiones mediante el valor conceptual y la red de influencias articulada en nuestra plataforma UNO. Por un lado, reuniendo las visiones directas de voces expertas de los tres continentes (América Latina, Europa y EE. UU.) para discutir sin “filtro corporativo” sobre los retos de la Cumbre. Por otro, aprovechando nuestro ADN transatlántico. Se apoya en décadas de operaciones directas y en una red propia construida a lo largo de los años en ciudades como Buenos Aires, Lima, Bogotá, Ciudad de México, Miami o Madrid.
¿Cómo medirá LLYC el impacto de esta iniciativa y qué tendría que ocurrir para considerar que ha conseguido participar de manera efectiva en la conversación institucional y empresarial de la Cumbre?
Nosotros solo pretendemos abrir un debate y poner encima de la mesa una serie de ideas que nos parece clave. Por supuesto, estaríamos satisfechos si alguna de ellas llega a la mesa de los líderes políticos en la Cumbre de Madrid e influye en el destino de las políticas económicas e institucionales del “Triángulo Atlántico”. Lo que sí creemos importante es que se consoliden las alianzas transatlánticas y que las empresas adopten una “mentalidad distinta” y comiencen a integrar la geopolítica en sus decisiones directivas, tratando a la región como plataforma de liderazgo y no como un mercado ocasional.
Seguiremos Informando…










