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‘El declive de Cambio 16 comenzó cuando los diarios y las radios pudieron dar libremente información

  • Published in ENTREVISTAS

Cambio 16 se convirtió en la publicación de cabecera de la Transición española. José María Díaz Dorronsoro ha escrito el libro ‘Cambio 16’ en el que narra su historia y explica como una revista marcó una de las épocas más convulsas de la historia reciente de España. prnoticias le ha entrevistado.

 

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José María Díaz Dorronsoro / Foto de: Manuel Castells

 

¿Qué elementos se conjugaron para que surgiera Cambio 16?

En concreto, y es una constante que ha pasado también en el origen de otras publicaciones, confluyeron entonces una serie de periodistas, empresarios y hombres de universidad de muy diversa procedencia ideológica –desde marxistas hasta liberales que deseaban utilizar las herramientas del periodismo para avanzar en la transformación de España hacia una democracia de corte occidental.

 

¿Qué significó para la Transición?

Cambio 16 fue la gran revista de la Transición española. Y la revista es un fiel reflejo de lo que fueron aquellos años tan intensos. Quienes pulsaban y hacían el semanario eran muy conscientes de lo delicado de la situación. Transformar una dictadura en una democracia no es una empresa sencilla y que había que llevar a cabo esta tarea con sumo cuidado. Por eso apostaron, sin renunciar a su evidente enfoque progresista, el sentido común, huyendo de las posturas radicales. Esta postura, si bien no fue exclusiva de Cambio 16, permitió que los acontecientos políticos que se siguieron a la muerte de Franco fueran bien digeridos la opinión pública y, a pesar de las dificultades, que la Transición transcurriera de la manera más pacífica posible.

 

Pese a ser una revista, en principio de información económica, lanzaba críticas contra el Gobierno. ¿Cómo vivió la época de la censura?

Nació como una revista de Economía y Sociedad que no tuvieron permiso para hablar de Política. Para no ser golpeados la censura, tuvieron que desarrollar ese estilo tan característico de la revista que se basaba en el humor, los juegos de palabras, las expresiones directas y sencillas, de tal manera que cuando alguien leyera una crítica hacia él no se enfadara demasiado sino que, incluso, se sonriera. Cambio 16 se convirtió, entonces, en una revista crítica pero spática que en vez de ir de frente a criticar agriamente una cuestión, prefería ir de soslayo, de manera más sutil y, a la larga, más eficaz. Eso no quita que no sufrieran secuestros, que tuvieran que censurar algunos contenidos, ni que cada semana esperaran con el corazón en un puño si se les daban o no luz verde para salir a la calle. Pero la revista se hizo tan popular, incluso entre personas de la propia administración franquista, que pudo hacer su tarea sin dramáticos sobresaltos. Quizá el peor momento lo vivieron en 1976 cuando, con motivo del viaje del Rey a Estados Unidos, a sugerencia de José Luis Gutiérrez prepararon y publicaron una caricatura del Rey bailando como Fred Astaire frente a los rascacielos de Nueva York. El suceso casi les cuesta la suspensión, de no ser la mediación de la editora del Washington Post, que pidió a Kissinger que hablara con las autoridades españolas para calmar los ános.

 

¿Además de las embestidas de la administración, la revista también tuvo que sotar los ataques de otros sectores de la sociedad?

Efectivamente, y de manera muy especial las embestidas de algunos sectores de la prensa falangista que no sotaban el tono ni la pertinencia de un semanario tan novedoso como arrollador. Muy agrios fueron los encontronazos que tuvieron con el diario Pueblo y con su director Emilio Romero. También tuvieron algún desencuentro con ABC, aunque menor. Por otro lado, tampoco faltaban las cartas y las amenazas de personas o grupos radicales que, otro lado, puntualmente sacaba la propia revista a la luz con su característico sentido del humor.

 

 ¿Cuándo y qué comenzó el declive de Cambio 16?

El declive, así decirlo, comenzó en el momento en que los diarios y las radios pudieron dar libremente información política. Fue entonces cuando surgieron nuevos diarios como El País, el propio Diario 16 o el Periódico de Catalunya. Especial daño le hizo El País y, cómo no, Diario 16, ya que compartían silares principios editoriales y un estilo más o menos igual. Al informar de manera diaria de los asuntos políticos y, otro, al normalizarse la situación política nacional el semanario perdió interés entre el público. Fue entonces cuando experentó una transformación editorial hacia otros temas más sociales y generales y dejó de centrarse principalmente en la política. Por otro lado, en los años 80 surgieron nuevos semanarios como Tiempo o Época y la competencia se hizo más dura. Si a esto se le añade los problemas financieros que afloraron desde finales de los 70, se explica que Cambio 16 fuera perdiendo brillo ante la sociedad.

 

¿Cómo afectó a la publicación la irrupción de nuevos contenidos a partir de 1977?

Por lo dicho anteriormente es difícil evaluar cómo afectó concretamente a la revista el cambio editorial que comenzó a producirse a partir de 1977. Es comprensible que ante la caída de difusión y la competencia feroz de los diarios, el semanario explorara nuevos caminos informativos. A toro pasado, pienso que si la revista hubiera mantenido la identidad que se había forjado desde sus orígenes y, especialmente, entre 1974 y 1976, las ventas hubieran seguido cayendo durante un tiempo más, pero a la larga ese estilo basado en el análisis breve y conciso y cargado de humor inteligente, le habría servido para mantener su prestigio y, poco a poco, recuperar difusión. Pero, como digo, esto es una opinión personal y un ejercicio de periodismo ficción.

 

El éxito de Cambio 16 provocó que surgieran más medios y el intento de crear el Grupo Cambio 16 ¿Por qué decidieron lanzar el diario Cambio 16 y el resto de publicaciones? ¿Cuál fue la repercusión en sus cuentas?

Hay que comprender las circunstancias del momento. Cambio 16 era una máquina de hacer de dinero en 1975. En ese momento, lanzan Historia 16 que, a una escala menor, es también todo un éxito. El “16” era el número de la buena suerte y, dado el prestigio cosechado, se vio muy otuno preparar un diario para que, en cuanto fuera posible, lanzarlo y conquistar también el mercado de la prensa diaria. Era una decisión lógica e inteligente. El problema es que también estaba pendiente de aprobación otro diario muy silar en planteamientos con las publicaciones del llamado Grupo 16, que era El País. Éste salió a la luz prero y se llevó el gato al agua. Diario 16 tuvo entonces que rehacerse de arriba abajo y se lanzó como vespertino, en un momento en que la prensa de la tarde estaba de capa caída. Se equivocaron y eso provocó tantes pérdidas a la editora. Además, muchos de los cerebros de la revista se fueron a trabajar al diario, con lo que el semanario quedó un poco huérfano. El diario volvió a su idea original –un matutino popular serio y gracias a los esfuerzos de Miguel Ángel Aguilar consiguieron mantenerlo a flote. Después, con Pedro J. Ramírez a la cabeza del diario el proyecto despegó pero para entonces la empresa ya estaba tocada económicamente.

 

¿Con la convulsión de medios que hay en estos momentos crees que encajaría el modelo de Cambio 16?

Esta es la pregunta del millón. No es una cuestión de si Cambio 16 tendría cabida ahora o no. Es una cuestión de si sería posible hacer hoy una publicación con los rasgos que marcaron el éxito del semanario. ¿Y cuáles eran? En prer lugar, los periodistas de Cambio 16 no trabajaban para hacerse ricos sino para transformar España en una democracia, que era un objetivo mucho más interesante e ilusionante. En segundo lugar, conseguirlo los empleados del semanario estaban dispuestos a cualquier sacrificio y a trabajar en equipo. Se sentían formando parte de algo grande, desde el conserje hasta el redactor jefe. Crearon un cla inicial muy familiar, en el que todos sumaban. Además supieron crear algo radicalmente distinto y novedoso a lo que había hasta entonces, tando los usos del periodismo anglosajón y creando un estilo único y muy característico. Un análisis de la prensa actual te lleva a concluir que nuestros diarios, especialmente los grandes diarios de Madrid y Barcelona, viven un poco de las rentas de aquellos años dorados que fueron los inmediatos a la transición. Y viven anclados en los mismos planteamientos de entonces: izquierda contra derecha, progresistas contra conservadores, laicistas contra religiosos, nacionalismos contra centralismo, y así hasta el infinito. Y no. La gente ya no es tan sple. Hay una nueva generación de españoles que no se identifican en estos estereotipos y que, si se les ofrece un producto fresco, innovador e inteligente responderán bien, sin duda.

 

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