“Adiós ríos, adiós montes”, lloraba Rosalía antes conocer este verano aciago en el que Galicia arde los cuatro costados. Los pirómanos han vuelto, como aves de paso de agosto, con su obsesión quemar rastrojos y prender fuego a los eucaliptos como si quisieran convertir el aire gallego en una sauna. Y se han encontrado con que
Artículos anteriores:











