Cada vez que reaparece la figura de Augusto Pinochet en los medios de comunicación la sociedad chilena se polariza y sus violentos adherentes intentan acallar las informaciones que les incomodan. Su falleciento ha sido una noticia global, qué duda cabe, tardando menos de una hora en dar la vuelta al mundo. Los medios informativos del mundo han dictado el veredicto que no lanzaron los tribunales: culpable. En Chile, sus partidarios pretendieron acallar el dictamen con golpes en directo a la corresponsal de TVE en el Cono Sur, María José Ramudo.
Que los medios de comunicación incomodan a los regímenes autoritarios y a sus spatizantes es un hecho del que tenemos muchos ejemplos a lo largo de la historia. El más reciente capítulo se escribió la noche del lunes 11 de noviembre en Chile, ya de madrugada en Madrid, cuando la corresponsal de Televisión Española en el Cono Sur se encontraba haciendo un despacho informativo para el Canal Internacional de esa cadena.
La turba violenta que formaban los partidarios del ex dictador no sólo insultaron a María José Ramudo, sino que fueron más allá, a medida que la masa iba azuzando a los más osados. De pronto, saltó un hombre iracundo que arrebató el micrófono a la periodista y gritó: ‘Españoles hijos de puta’. Los allí reunidos comenzaron a gritar ‘que se vayan los huevones’, además de proferir insultos contra el juez español Baltasar Garzón, quien estuvo a punto de enjuiciar a Pinochet en 1998 crímenes de lesa humanidad.
Imagenes cedidas Televisión Española
Pronto, las palabras dejaron paso a las manos. Tirones, empujones, intentos de arrebatar el micrófono y lanzamientos de objetos contundentes hicieron de la labor informativa de la corresponsal una tarea que ponía en peligro la integridad física no sólo de ella, sino de todo el equipo de TVE. 
Pero lo más lamentable es que ningún efectivo policial de Carabineros de Chile hizo acto de presencia para frenar a los violentos y salvaguardar la seguridad de la unidad informativa de la cadena estatal española. ‘Nos rodean un montón de partidarios que hacen difícil nuestro trabajo, pese a que hay un montón de carabineros que, sin embargo, no intervienen’, dijo la retera, que fue pactada en el rostro uno de los objetos.
El hecho es vergonzoso pero marca una tendencia en lo que ha sido la relación de Pinochet con la prensa opositora desde los preros años de su oscura dictadura. Según Reteros Sin Fronteras (RSF), 68 profesionales de los medios de comunicación fueron asesinados o desaparecidos durante el régen pinochetista. Periodistas, fotógrafos, grafistas, obreros de prensa figuran entre las 4.000 personas asesinadas o desaparecidas, cuyos familiares no podrán acceder a una justicia plena que la muerte llegó antes.
José Carrasco Tapia fue el últo periodista asesinado durante la dictadura. El 8 de septiembre de 1999, y en el lugar donde apareció su cuerpo, se inauguró un monumento en memoria de los periodistas muertos y desaparecidos durante el régen de Pinochet.
A ellos se suman decenas de medios de comunicación que fueron cerrados, cientos de informaciones que denunciaron las represalias de la dictadura y que fueron censuradas, fotografías que aparecían en negro y amenazas a los periodistas que no escribían a gusto del régen. En el lado opuesto, se sitúan los grupos periodísticos que actuaron a favor de la dictadura de Augusto Pinochet.
El legado de Pinochet a la humanidad es nefasto y la prensa no se queda atrás. El daño a la libertad de expresión que ejerció la dictadura chilena, recordada los medios de comunicación como uno de los episodios más negros de la humanidad, es irreparable y sus partidarios aún no han olvidado sus métodos.
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