El vapeo se ha consolidado en los últimos años como una práctica habitual entre la población joven, impulsada en gran medida por su popularidad en redes sociales y su imagen de alternativa “segura” frente al tabaco. Sin embargo, esta percepción dista de la realidad médica, ya que cada vez más expertos advierten de los riesgos asociados al uso de cigarrillos electrónicos, especialmente entre adolescentes.
En España, el fenómeno alcanza cifras relevantes: el 49,5% de los estudiantes de entre 14 y 18 años reconoce haber probado los cigarrillos electrónicos en alguna ocasión, según el informe ESTUDES del Ministerio de Sanidad. Este dato refleja la magnitud de un hábito que muchos inician sin ser plenamente conscientes de sus posibles consecuencias para la salud.
Desde el ámbito clínico, los especialistas subrayan que inhalar el aerosol de estos dispositivos no es inocuo. Tal y como explica Manuel Callejas, neumólogo del Hospital Universitario Sanitas La Zarzuela, este aerosol contiene partículas ultrafinas y sustancias químicas capaces de irritar las vías respiratorias, provocar inflamación bronquial y alterar los mecanismos de defensa del pulmón, aumentando la susceptibilidad a infecciones incluso en personas jóvenes y aparentemente sanas.
Impacto más allá de los pulmones
Pero los efectos del vapeo no se limitan al sistema respiratorio. En el ámbito bucodental, su impacto también resulta significativo. Antonio Longo, odontólogo de Sanitas Dental, advierte de que los componentes del aerosol —como la nicotina, el propilenglicol o determinados compuestos volátiles— pueden alterar la microbiota oral, reducir el flujo salival y debilitar las defensas naturales de las encías, favoreciendo la aparición de inflamación gingival y aumentando el riesgo de infecciones.
Además, uno de los principales problemas radica en la falsa sensación de seguridad. A diferencia del tabaco convencional, el vapeo no produce olor ni manchas visibles, lo que dificulta que los jóvenes asocien su consumo con daños en la salud oral. No obstante, su uso continuado puede acelerar la progresión de enfermedades periodontales y aumentar la probabilidad de caries y otras complicaciones a medio plazo.
Ante este escenario, los expertos insisten en la necesidad de reforzar la prevención y la información. Recomiendan no asumir que el vapeo es menos perjudicial que el tabaco, prestar atención a los patrones de inhalación y a la concentración de nicotina en los dispositivos, así como considerar su impacto en el rendimiento físico. La detección temprana y la orientación profesional, concluyen, son claves para evitar que un hábito aparentemente inofensivo derive en problemas graves de salud.
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