La falta de deseo sexual en el hombre continúa siendo una de las alteraciones más frecuentes de la salud íntima masculina y, al mismo tiempo, una de las menos consultadas en la práctica clínica. Pese a su impacto en la calidad de vida, el bienestar emocional y las relaciones de pareja, sigue rodeada de silencio y estigma.
Los doctores Antonio Allona y Juan Ignacio Martínez-Salamanca, jefe del Servicio de Urología y jefe asociado del equipo de Urología, respectivamente, del Hospital Ruber Internacional insisten en la necesidad de abordar este problema desde una perspectiva médica integral. “La disminución del deseo sexual no debe considerarse algo normal ni inevitable. En muchos casos responde a causas tratables que es importante identificar”, señalan.
Un problema multifactorial que va más allá de la edad
La pérdida de libido masculina suele asociarse de forma simplista al envejecimiento, el estrés o el cansancio. Sin embargo, los especialistas advierten de que en la mayoría de los casos existe un origen multifactorial en el que intervienen factores hormonales, físicos y psicológicos.
Entre las causas más habituales se encuentran el descenso de testosterona, alteraciones hormonales, enfermedades crónicas como la diabetes, el consumo de determinados fármacos o los hábitos de vida poco saludables. A ello se suman factores emocionales como el estrés, la ansiedad o los problemas de pareja, que pueden agravar la situación.
“Existe la falsa creencia de que el deseo sexual es únicamente una cuestión psicológica, cuando en realidad puede estar condicionado por múltiples factores orgánicos”, explica el Dr. Antonio Allona. De hecho, alteraciones hormonales o problemas vasculares y neurológicos pueden influir directamente en la respuesta sexual masculina.
Cuando el cuerpo da señales de alerta
La falta de deseo sexual no suele aparecer de forma aislada. “En muchos casos se acompaña de otros síntomas como disfunción eréctil, cambios en la eyaculación o molestias urinarias, lo que puede indicar la presencia de patologías subyacentes”, indica el Dr. Juan Ignacio Martínez-Salamanca.
Algunas afecciones urológicas, destaca el doctor, como los problemas prostáticos, pueden tener un impacto directo en la vida sexual. “Procesos inflamatorios o alteraciones en la próstata pueden reducir el interés sexual y generar un círculo vicioso entre malestar físico y ansiedad”, matiza el especialista.
“Cuando la falta de deseo aparece de forma persistente o se acompaña de otros síntomas, es fundamental realizar una valoración médica completa para descartar causas orgánicas”, subraya el doctor Allona.
Impacto en la calidad de vida y en la salud emocional
Más allá del plano físico, la pérdida de deseo sexual tiene un impacto significativo en la autoestima, la salud mental y las relaciones personales. Las disfunciones sexuales afectan no solo al individuo, sino también a su entorno, generando frustración, inseguridad y dificultades en la pareja.
A pesar de ello, muchos hombres retrasan la consulta médica por vergüenza o por la creencia de que se trata de un problema menor. “El silencio sigue siendo uno de los principales obstáculos. Es importante entender que la salud sexual forma parte de la salud global”, apuntan los especialistas.
Diagnóstico y tratamiento personalizado
El abordaje de la falta de deseo sexual requiere un enfoque individualizado que permita identificar la causa concreta en cada paciente. Para ello, los urólogos del Hospital Ruber Internacional recomiendan una evaluación que incluya historia clínica, estudio hormonal y valoración de factores psicológicos y de estilo de vida.
En función del origen, los tratamientos pueden incluir desde cambios en los hábitos y apoyo psicológico hasta terapias hormonales o tratamientos específicos para patologías asociadas. “Lo importante es no normalizar el problema y acudir a consulta, porque en la mayoría de los casos tiene solución”, concluyen.
En un contexto en el que la salud masculina comienza a ganar protagonismo, los expertos insisten en la importancia de romper el tabú y fomentar la prevención. La falta de deseo sexual no es solo una cuestión íntima, sino un indicador clave del estado de salud general.
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