Más de un millar de artistas y figuras de la cultura han dado un paso al frente para pedir el boicot a Eurovisión 2026 mientras Israel siga participando, en respuesta directa a otra carta —también respaldada por más de 1.000 profesionales— que defendía la presencia del país en nombre del carácter “universal” de la música.
La iniciativa, impulsada desde el ámbito cultural internacional, denuncia que mantener a Israel en el certamen contribuye a normalizar la situación en Gaza y acusa a la Unión Europea de Radiodifusión (UER) de aplicar un doble rasero. Sus promotores recuerdan que Rusia fue excluida tras la invasión de Ucrania, mientras que Israel ha seguido compitiendo en el festival en un contexto de creciente conflicto.
“¿Cómo puede un artista participar con la conciencia tranquila mientras se destruye la infraestructura cultural de Gaza?”, se preguntaban en la carta.
El movimiento cuenta con el respaldo de nombres destacados de la industria musical como Brian Eno, Massive Attack, Sigur Rós o Macklemore, así como de artistas vinculados al propio certamen, entre ellos Blanca Paloma. La implicación de perfiles eurovisivos evidencia que la fractura atraviesa al propio ecosistema del festival.
En España, el posicionamiento institucional también se endurece. El presidente de RTVE, José Pablo López, ha reiterado públicamente su rechazo a seguir adelante con el festival en estas condiciones, cuestionando que la cultura pueda utilizarse como vía para suavizar o ignorar la gravedad del contexto.
A este escenario se suman otros países como Irlanda, Países Bajos o Eslovenia, que también han optado por apartarse del concurso, configurando una edición marcada por ausencias significativas.
Así, a menos de un mes de la cita prevista en Viena, el festivak llega rodeado de tensión y con una división evidente tanto entre las televisiones públicas como dentro del propio sector cultural.
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