En la Tierra a miércoles, mayo 6, 2026

INFARTO DE TUYOCARDIO

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Nos hemos especializado en diagnosticar al otro.


… Miramos a la gente a los ojos como si fuéramos oráculos y sentenciamos: “a este le pasa esto”, “a este le queda aquello”. Hablamos de ansiedades ajenas, de depresiones vecinas, de vidas que no son nuestras… mientras lo propio lo dejamos en la penumbra..

Es más cómodo señalar que reconocer.


 Más fácil construir relatos sobre los demás que asumir el ruido interno. Y en esa comodidad, internet ha encontrado su negocio perfecto: comunidades que aparentan ayuda,  pero que a menudo sirven para disfrazar, justificar o amplificar lo que nadie quiere mirarse de frente.

No es que falten problemas. Faltan espejos. Vivimos en una época donde aumentan las bajas, donde la insatisfacción se vuelve norma y no excepción. No todo es fingido, claro que no. Pero tampoco todo es inevitable. Hay un cansancio que no solo viene del trabajo: viene de una vida que no encaja, de expectativas infladas y realidades que no alcanzan.

¿Y cómo no va a pasar, si trabajar no garantiza vivir con dignidad? Hay gente que no llega a fin de mes. Que no puede acceder a una vivienda decente. Que comparte habitaciones, que se va a caravanas, que sobrevive en soluciones provisionales que ya son permanentes.

Mientras tanto, el suelo sube, los precios suben, y la posibilidad de tener un espacio propio se aleja. Y ahí aparece otra contradicción: administraciones que hablan de bienestar mientras convierten el suelo en una fuente de ingresos. Cuando el terreno se trata como negocio antes que como necesidad, el resultado es claro: ciudadanos más pobres, instituciones más ricas.

No hace falta un milagro, hace falta voluntad.  Suelo público a coste razonable, reglas claras, construcción accesible. Vivienda como derecho práctico, no como promesa electoral.

Pero eso exige lo mismo que a nivel personal: dejar de mirar al otro y asumir responsabilidad. Porque el problema no es solo lo que nos pasa. Es lo que evitamos reconocer.

El “tuyocardio” es esa manía de vivir hacia fuera, de opinar hacia fuera, de culpar hacia fuera. Y mientras tanto, lo propio sigue latiendo mal.

Y sí, así es fácil que todo termine en infarto.  No del corazón… sino de la coherencia.

pedro de aparicio y pérez de Lucentis…

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