La enésima sacudida en la cúpula de Movistar+ ya tiene nuevas víctimas. La salida de Fran Araújo, hasta ahora productor ejecutivo de la ficción original de la plataforma y uno de los responsables de algunas de las series más reconocibles de la marca durante el último lustro, confirma que Telefónica ha decidido abrir una nueva etapa en su negocio audiovisual. Y hacerlo, además, con una limpieza interna que va mucho más allá de un simple cambio organizativo.
La destitución de Araújo llega apenas unos días después de que Telefónica ejecutara un relevo fulminante en la dirección de Movistar+. Daniel Domenjó, que llevaba poco más de un año como consejero delegado, fue apartado del cargo para dejar paso a Alfonso Gómez Palacio, hasta ahora presidente de Telefónica Hispanoamérica y nuevo hombre fuerte de la plataforma. El movimiento evidencia que la operadora ha optado por desmontar buena parte de la estructura impulsada por Javier de Paz, presidente de Movistar+ desde 2025 y principal valedor de Domenjó.
La compañía ha intentado presentar los cambios como una “nueva etapa” enfocada en acelerar el crecimiento, reforzar la capacidad editorial y mejorar la coordinación interna. Según el discurso oficial, Movistar+ seguirá siendo una pieza clave dentro de la estrategia comercial de Telefónica y de su oferta convergente. Pero detrás de esa narrativa corporativa se esconde una sensación creciente de improvisación y agotamiento de un proyecto que lleva años encadenando reestructuraciones, cambios de rumbo y guerras internas.
La salida de Domenjó resulta especialmente llamativa por la velocidad con la que se ha consumido. El directivo había aterrizado en marzo de 2025 tras sustituir a Cristina Burzako y, según trasladó en conversaciones internas, su fichaje se cerró prácticamente de urgencia durante el Mobile World Congress de Barcelona. Apenas trece meses después, Telefónica ha decidido prescindir de él sin haber logrado consolidar un modelo claro para la plataforma.
Además, su caída se produce en un contexto especialmente convulso para el negocio audiovisual de Telefónica. En los últimos años, Movistar+ ha pasado de querer competir de tú a tú con Netflix, Prime Video o HBO Max a asumir que esa batalla era prácticamente imposible. La plataforma intentó apoyarse en la producción propia y en una identidad editorial diferenciada, pero el resultado ha sido irregular: series prestigiosas y bien valoradas por la crítica han convivido con dudas constantes sobre la rentabilidad del modelo y la capacidad real de atraer suscriptores.
El problema de fondo es que Telefónica nunca terminó de definir qué quería hacer con Movistar+. La plataforma ha alternado ambiciones internacionales, recortes presupuestarios, apuestas por el deporte, alianzas con terceros y sucesivos cambios de dirección sin una estrategia sostenida en el tiempo. Cada nueva cúpula prometía relanzar el proyecto; cada relevo acababa evidenciando que la anterior hoja de ruta había quedado enterrada.
La salida de Fran Araújo simboliza precisamente eso: el final de una etapa en la que la ficción original se convirtió en uno de los pocos elementos capaces de otorgar personalidad propia a la plataforma. Aunque Movistar+ nunca logró jugar al mismo nivel que otras plataformas internacionales, sí consiguió construir una marca reconocible alrededor de determinados títulos y creadores. Ahora, la sensación dentro del sector es que Telefónica vuelve a empezar otra vez desde cero.
El desembarco de Alfonso Gómez Palacio apunta además a una mayor integración de Movistar+ dentro de la estrategia puramente comercial de Telefónica España. Su incorporación al comité de dirección refuerza la idea de que la plataforma dejará de funcionar como un proyecto con autonomía creativa y un referente en lo que al cine y a las series españolas se refiere, para convertirse, cada vez más, en una herramienta orientada a retener clientes y reforzar el negocio convergente de la empresa.
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