El aumento de las temperaturas derivado del cambio climático está intensificando la presión sobre el sistema sanitario en España, con un coste médico directo que podría superar los 17 millones de euros anuales en 2030. Esta ha sido una de las principales conclusiones del III Congreso Nacional One Health, celebrado en Madrid, donde más de 200 expertos han abordado la necesidad de aplicar soluciones integrales ante los efectos del calor extremo sobre la salud.
Durante el encuentro, especialistas en salud y cambio climático subrayaron que el incremento de las olas de calor ya está provocando un aumento de las hospitalizaciones, especialmente entre los grupos más vulnerables. Las personas mayores, los pacientes con enfermedades crónicas y los hogares con menos recursos presentan mayores dificultades para adaptarse a estos episodios, lo que agrava la carga asistencial.
Además del impacto sanitario directo, el calor también está afectando de forma significativa a la población trabajadora. Entre 1994 y 2013, más de 19.000 lesiones laborales anuales estuvieron relacionadas con temperaturas no óptimas, lo que supuso un coste económico acumulado de 320 millones de euros. Este fenómeno evidencia que el cambio climático no solo compromete la salud pública, sino también la productividad y el funcionamiento del sistema económico.
Un riesgo creciente con impacto desigual
A nivel europeo, los países del sur concentran una mayor mortalidad por calor extremo, con cifras que multiplican por seis las registradas en el norte del continente. España se encuentra entre los territorios más expuestos, especialmente en el sur y las zonas mediterráneas, donde coinciden factores climáticos y socioeconómicos que incrementan la vulnerabilidad. Dentro de una misma región, las desigualdades también son evidentes, afectando con mayor intensidad a las áreas con población envejecida o en situación de pobreza energética.
Las proyecciones apuntan a un escenario preocupante: la mortalidad atribuible al calor podría casi triplicarse a finales de siglo y las pérdidas de productividad alcanzar hasta un 2% del PIB si no se adoptan medidas. No obstante, los expertos reunidos en el Congreso coinciden en que aún es posible mitigar estos efectos mediante políticas climáticas eficaces. Tanto la reducción de emisiones como las estrategias de adaptación han demostrado ser coste-efectivas y aportar beneficios adicionales para la salud y el bienestar de la población.
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