En la Tierra a jueves, junio 25, 2026

LA PIEL TIENE MEMORIA

La incidencia mundial de cáncer de piel lleva décadas en aumento

SE ESPERA QUE SIGA CRECIENDO EN LOS PRÓXIMOS AÑOS

La OMS sitúa el cáncer de piel como uno de los más frecuentes en el mundo. A pesar de que España y Cataluña se sitúan en el rango bajo de incidencia en Europa, la evolución del cáncer de piel muestra un crecimiento del 40% en cuatro años.

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El cáncer de piel se ha convertido en una de las patologías oncológicas con mayor crecimiento en España. Según datos de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), este tipo de tumores ha experimentado un incremento del 40% en los últimos cuatro años. Una tendencia al alza que coincide con el informe “Las Cifras del Cáncer en España 2026” de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), que estima que, del total de nuevos casos de cáncer en España estimados para el año 2026, la mayoría son por cáncer de piel no melanoma (CCNM >300.000 casos y melanoma >8000 casos). 

La Organización Mundial de la Salud (OMS), por su parte, sitúa al cáncer de piel como uno de los más frecuentes en el mundo. Según la Dra. Alba Català, jefa de equipo del Servicio de Dermatología y Venereología del Hospital Quirónsalud Barcelona, “el cáncer de piel es uno de los tumores más frecuentes a nivel mundial, especialmente el cáncer cutáneo no melanoma (CCNM)”. A pesar de que en España y Catalunya, países con mucha radiación solar, las tasas no están entre las más altas del mundo, “la incidencia está creciendo y es un problema de salud relevante”. A lo que la especialista añade: “La incidencia mundial de cáncer de piel (melanoma y no melanoma) lleva décadas en aumento y se espera que siga creciendo en los próximos años. El patrón encaja, en gran parte, con una “factura diferida” de exposiciones y conductas de riesgo pasadas, sumada a cambios demográficos y a una mejor detección”. 

El aumento drástico del cáncer de piel se atribuye sobre todo a una mayor y a menudo inadecuada exposición a la radiación UV durante décadas, sumada al envejecimiento poblacional y a la mejora en la detección. En ese sentido, Català explica que “sí puede hablarse de una “factura” de conductas de fotoprotección insuficiente del pasado, aunque amplificada por cambios ambientales y diagnósticos más sensibles”.

Las quemaduras en la infancia multiplican hasta por ocho el riesgo de cáncer de piel
La afirmación de que “la piel tiene memoria” cuenta con un sólido respaldo científico. El daño solar se acumula desde los primeros años de vida y se manifiesta décadas después. La infancia concentra entre el 25% y el 50% de la exposición solar de toda la vida, por lo que representan una etapa especialmente sensible. Según un gran estudio genético (Langselius, O., Rumgay, H., Vries, E., Whiteman, D., Jemal, A., Parkin, D., & Soerjomataram, I. (2025). Global burden of cutaneous melanoma incidence attributable to ultraviolet radiation in 2022. International Journal of Cancer, 157, 1110 – 1119) tener tendencia genética a quemarse en la infancia se asocia con:

·        Melanoma: Con un aumento de entre 2 a 5 veces más riesgo de tener melanoma (según análisis).

·        Cáncer de piel no melanoma (basocelular y escamoso): Con un aumento de entre 4 a 8 veces más riesgo de tener cáncer de piel no melanoma (según análisis).

Por el contrario, los datos demuestran que en las regiones donde han mejorado los hábitos de fotoprotección en jóvenes, la incidencia de melanoma en adolescentes ya empieza a descender.

Según Català, “una quemadura solar grave en la infancia no garantiza cáncer, pero se asocia claramente a un riesgo más alto, a menudo del doble o más, de melanoma y otros cánceres cutáneos décadas después. La mayor parte del melanoma y de los cánceres de piel está ligada a radiación UV acumulada, y una fracción importante de ese daño ocurre en los primeros años de vida”. Por ello, la “memoria” de la piel existe en el sentido de daño acumulado: proteger rigurosamente a los niños del sol es una de las medidas más eficaces para reducir el “cáncer del futuro”.

La importancia de la prevención

En el ámbito de la prevención, la evidencia científica también introduce matices sobre cómo interactúan los protectores solares en situaciones reales como la playa o el deporte. La ciencia no apoya que la protección “desaparezca” justo a las 2 horas de reloj, pero sí muestra que factores externos como el sudor, el agua y el roce van degradando progresivamente la película protectora sobre la piel. Por eso, la Dra. Català insiste en que “conviene usar mucha cantidad, realizar una reaplicación temprana (a los 15–30 minutos de iniciar la exposición) y luego seguir una pauta cercana a cada 2 horas, repitiendo la aplicación siempre tras nadar, sudar mucho o secarse con la toalla”.

Asimismo, existe un debate recurrente sobre la necesidad de usar factores superiores al habitual SPF 50. Un SPF 50 ofrece una protección muy alta, pero no bloquea “todo” y, en la práctica y bajo condiciones de sol intenso, se observa claramente un mayor nivel de quemaduras que cuando se emplean factores de SPF 85–100+. Los datos clínicos revelan que existe ganancia con estos factores muy altos: aunque en porcentaje de radiación UV bloqueada la diferencia matemática parezca pequeña, resulta altamente relevante en la prevención de quemaduras reales, sobre todo en casos de aplicación deficiente por parte del usuario, pieles claras y sol intenso. Aun así, los especialistas recuerdan que ningún nivel de SPF sustituye la necesidad de reaplicar el producto, usar ropa protectora y evitar las horas de sol más fuerte.

La Inteligencia Artificial como soporte de alta precisión en el diagnóstico precoz

En el ámbito de la innovación tecnológica, la Inteligencia Artificial se ha consolidado en centros como el Hospital Quirónsalud Barcelona como una herramienta clave para la detección temprana del melanoma y otros cánceres cutáneos. Su aplicación se centra en el análisis avanzado de imágenes de la piel, como fotografías clínicas, dermatoscopias, tomografías de coherencia óptica (OCT) o microscopías confocales, para mostrar probabilidades de malignidad y optimizar las tareas de cribado y triaje. 

Según apunta la doctora, aunque los algoritmos ofrecen rendimientos diagnósticos comparables o, en ocasiones, superiores a los de muchos especialistas, “la evidencia científica actual respalda su uso estrictamente como un “segundo lector” de alta precisión integrado en la práctica clínica, mientras la decisión final y la responsabilidad siguen recayendo en el dermatólogo”. 

Seguiremos Informando…

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