En la Tierra a martes, julio 7, 2026

VOLAR DE AMOR, REÍR DE HABLAR

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Hay personas que pasan por la vida coleccionando días. Otras coleccionan certezas. Y unas pocas, muy pocas, coleccionan preguntas. Son ellas las que terminan cambiando el paisaje sin hacer ruido.

Vivimos en un tiempo en el que abundan las voces, pero escasean las palabras. Se habla para vencer, no para comprender. Se escucha para responder, no para descubrir. Y, sin embargo, el ser humano sigue conservando un milagro que ninguna tecnología ha conseguido imitar: la capacidad de conmover a otro con una idea honesta.

Volar no consiste en abandonar la tierra. Consiste en dejar atrás el peso inútil que nos impide mirar más lejos.

Amar no es poseer. Es reconocer en el otro un universo distinto y alegrarse de que exista la posibilidad de llegar juntos a una meta que no existe.

Reír no es olvidar las heridas. Es demostrar que las heridas no han conseguido robarnos la verdad que esconde nuestra alma.

Hablar no es llenar el silencio. Es regalar una parte de uno mismo para que otro encuentre una parte de sí. Para que pueda crecer, para que pueda llegar, para que pueda entender y correr detrás de un discurso que no entra en la cabeza de nadie…

Las palabras tienen un extraño poder. Pueden destruir un corazón en un segundo o levantar una vida entera con apenas una frase. Por eso escribir nunca debería ser un ejercicio de vanidad, sino un acto de responsabilidad, porque las palabras no sirven para cambiar el mundo. Sirven para cambiar a una persona. Y una persona puede cambiar un trocito del mundo.

Quizá esa sea la única revolución que merece la pena. No la que nace del ruido, sino la que empieza en silencio, cuando alguien termina de leer una página y descubre que ya no piensa exactamente igual que antes. Le acusarán de avanzar. Vivimos rodeados de libros que entretienen, artículos que informan y discursos que se olvidan al doblar la esquina.

Pero, de vez en cuando, aparece una frase que decide quedarse a vivir dentro de nosotros.

Y entonces ocurre el verdadero milagro.

El de quienes aprenden a volar de amor, a reír de hablar y a descubrir que el alma, cuando encuentra las palabras adecuadas, siempre conoce el camino de regreso a casa.

Reir, Amar, Zozobrar…

pedro de aparicio y pérez de Lucentis…

THOR

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