Pedro Sánchez está intranquilo. Muy intranquilo. Hay gente entrando, avanzando y amenazando con alterar el orden establecido. Félix Bolaños, convertido para la ocasión en fiel servidor de Palacio, atiende las preocupaciones presidenciales con la disciplina de quien sabe que cualquier problema puede acabar convertido en decreto ley antes del desayuno.
—Nos invaden.
La frase cae con gravedad. Uno podría pensar en Marruecos, en Ceuta, en las fronteras o en alguna nueva crisis diplomática. Error. Los invasores son italianos. Y, peor todavía, son de derechas.
La amenaza no llega en patera, sino probablemente en traje, con espresso y demasiada facilidad para pronunciar la palabra “patria”. Una auténtica emergencia democrática. En este particular universo político, el Mediterráneo cambia de dirección. Ya no preocupa quién entra por el sur, sino quién puede cruzarlo desde Italia con ideas incómodas en el equipaje.
Bolaños escucha. Para eso está. El video de froilan_rey_ que se está haciendo viral.
Mientras tanto, Pedro Sánchez parece descubrir que una invasión depende mucho de quién invade. Hay llegadas que enriquecen, otras que preocupan y algunas que, directamente, requieren convocar una rueda de prensa y hablar de fascismo. La escena funciona precisamente porque lleva al extremo una de las grandes habilidades de la política moderna: cambiar el nombre de las cosas según quién las protagonice.
Una frontera puede ser una frontera, una oportunidad o una amenaza. Todo depende del pasaporte.
Y, sobre todo, de a quién vote el que lo lleva.










