Señoría, yo nunca estuve, nunca conocí a ninguno de estos fantasmas de expediente. ¿Si son subordinados suyos?, se me habrá borrado hasta el nombre, padezco desvanecimiento en la memoria interesada en el caso, porque se me borraron los wasapp las conversaciones de telegram y las fotos de la boda de mi perra.
Por cierto, con el excomisario sólo me crucé una vez, de casualidad, en mi despacho, paseando antes de ir a por el pan, donde nos encontramos haciendo cola como dos almas en pena. Lo reconocí por la parpusa, esa marca de fábrica que llevan los que ya han vendido el alma pero todavía no han cobrado y deben el complemento craneal de la talla 63.
A todos se les olvida todo. Menos cuando asoma un Marjaliza o un Aldama: entonces cantan la Traviata completa, con gorgoritos y todo, como si les hubieran metido un micrófono en lo más profundo de sus sueños…
La política, señores, es el arte de manipular currículos. De cada cuatro, dos son la mitad.
Y da igual que sea un título de marketing contemporáneo, un doctorado honoris causa o una cualificación por haber pisado un campus un jueves de lluvia. Todo vale. ¡Qué laberinto de papel para regular el cristo que están montando!
Necesario, mal contado, sin papeles, sin justicia, sin vergüenza.
Legalizamos por mala fe… o legalizamos porque todavía nos queda fe. Jajajajajaja… la fe.
Yo soy un hombre con fe. Yo sin fe, yo con leche, yo solo. Yo monto en un tren que dice Tenfé…
Y, sin fe, señores, no existiría la fe.
Porque la fe, como los currículos falsos, también necesita su buena dosis de manipulación, en el cerebro que no siente ni conoce la fe, sólo la imita.
pedro de aparicio y pérez de Lucentis…










