viernes, 1 julio, 2022

Autorregulación y autocontrol, claves para asegurar una investigación más ética

La ética en la investigación pública y privada, así como la necesidad de detectar y evitar conflictos de intereses y malas conductas científicas han centrado el encuentro “Buenas prácticas en investigación”, celebrado hoy en la sede del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y organizado por esta institución y la Fundación de Ciencias de la Salud.

Entre las conclusiones del debate resaltan la necesidad de impulsar la autorregulación y el autocontrol en la investigación. La Jornada ha estado presentada por el Dr. Ángel Caballero, vicepresidente adjunto de Transferencia de Conocimiento del CSIC y el Dr. José M. Mato, patrono de la Fundación de Ciencias de la Salud y director general de CIC bioGUNE y CIC biomaGUNE del País Vasco.

“Es necesario trabajar en la cultura de mejora de las buenas prácticas”, ha asegurado la Dra. Concepción Martín Arribas, vocal y secretaria del Comité de Ética de la Investigación del Instituto de Salud Carlos III. A su juicio, es una necesidad porque en años anteriores “ha habido alarmas, denuncias” y hay “una cierta evidencia científica de casos en los que se ponen de manifiesto las malas prácticas”, dentro de las que sitúa “los conflictos de intereses”.

La consecuencia de estas prácticas son “resultados sesgados, que comprometen la calidad de la evidencia académica y socavan, por tanto, la posibilidad de tomar decisiones clínicas basadas en la evidencia”, explica la Dra. Martín Arribas.

Su intervención precisamente, se ha centrado en los conflictos de intereses, mala conducta científica y cuestiones éticas. En ella, ha abogado por implementar “medidas dirigidas a mejorar en integridad científica”. Por su parte, María Luisa Salas, directora del Departamento de Ética en Investigación y secretaria del Comité de Ética del CSIC ha señalado en su intervención sobre buenas prácticas en instituciones públicas, que es necesario regularlas,  “sistematizarlas en códigos, instrumentos de autorregulación y autocontrol complementarios a la normativa vigente, que preconizan la conducta responsable en investigación”.

En cuanto a las buenas prácticas científicas en entidades públicas, a su juicio deben ser capaces de expresar “los principios y valores que entraña la integridad científica”, de manera que sean éstos en los que esté basada “la conducta del investigador como profesional de la ciencia”.

También se ha referido a la necesidad de seguir unos principios y valores claros el Dr. José Miguel Coterón, Chief Scientist del Quality Team del centro de investigación de GSK DDW (Diseases of the Developing World), de Tres Cantos. 

En su ponencia, ha detallado “los procedimientos y herramientas prácticas que utilizamos en el DDW para asegurar que todos los experimentos que llevamos a cabo se adecúan a los principios éticos que rigen la investigación en GSK”. Entre estos principios, incluidos en el “Código de Conducta” científico de la compañía, destaca la transparencia, que incluye el compromiso de “hacer públicos los resultados de todas nuestras investigaciones en el DDW, con independencia de los resultados”.

En el encuentro, los expertos reunidos han comentado algunas de las iniciativas adoptadas en los últimos años para mejorar la ética en la investigación. María Luisa Salas destaca que “cada vez son más los países que cuentan con estructuras u oficinas nacionales de integridad científica, y existen redes y foros de carácter nacional y trasnacional para reflexionar y debatir sobre esta materia”. La Dra. Martín Arribas subraya, como ejemplo, que “dentro de las convocatorias europeas del programa 2020 se lleva realizando un importante esfuerzo para emparejar la excelencia científica con la conciencia social y la responsabilidad, con el programa Investigación e Innovación Responsable”. Esto demuestra, en su opinión, que “es cierto que hay que mejorar, pero se está trabajando en ello desde las organizaciones y centros de investigación”.

En cuanto a los límites éticos que deben regir la práctica científica, el código de conducta de GSK, al que se ha referido el Dr. Coterón, propugna que “la seguridad de los pacientes es siempre nuestra máxima prioridad”. Para la Dra. Martín Arribas, estos límites son imprescindibles porque “las consecuencias de realizar una investigación fraudulenta son muy graves”, ya que “se puede poner en riesgo a los participantes o a la sociedad en general”. Para María Luisa Salas: “solo la búsqueda de la verdad permitirá una mejor compresión de la realidad y el avance en el conocimiento en beneficio de la humanidad”.

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