En la Tierra a martes, abril 21, 2026

CORINA MACHADO Y EL VIAJE A NINGUNA PARTE

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La reciente visita de María Corina Machado a Madrid ha dejado una estampa tan cargada de simbolismo como de contradicciones, algo ya habitual en la política contemporánea, donde la narrativa suele ir varios pasos por delante de los hechos. La líder opositora venezolana aterrizó en la capital española envuelta en una épica cuidadosamente construida, encontrándose con una diáspora venezolana que, en la Puerta del Sol, la recibió como si portara en la maleta ese ansiado “billete de vuelta a casa”. Un concepto poderoso, emocionalmente eficaz y políticamente rentable, aunque todavía pendiente de materializarse en algo más tangible que consignas y banderas.

Miles de venezolanos exiliados, muchos de ellos marcados por años de distancia y frustración, proyectaron sobre Machado una mezcla de esperanza y necesidad. La escena, entre lo conmovedor y lo teatral, reflejaba esa eterna tensión entre el deseo colectivo y la realidad política.

Si algo quedó claro es que la ilusión, por sí sola, no constituye un programa de gobierno.

El recibimiento institucional tampoco se quedó corto en entusiasmo. Alberto Núñez Feijóo abrió las puertas de la sede del Partido Popular para recibir a Machado con un trato que, según sus propias palabras, equivaldría al dispensado a un ganador de elecciones locales del propio partido, señalando a la venezolana como la legítima ganadora de las pasadas elecciones. Una afirmación que, como mínimo, invita a revisar el calendario electoral venezolano, teniendo en cuenta que Machado ni siquiera fue candidata en los comicios, papel que correspondió a Edmundo González. Pero en este nuevo ecosistema político, parece que ganar elecciones es más una cuestión de relato que de urnas.

La capital también aportó su dosis de ceremonial. El alcalde José Luis Martínez-Almeida hizo entrega a la dirigente venezolana de las llaves de oro de la ciudad de Madrid, un gesto cargado de tradición que, sin embargo, y suponiendo que no fuera atrezo, abre interrogantes contemporáneos: ¿se conservarán como símbolo institucional o terminarán convertidas en activo líquido? No sería la primera vez que un galardón concedido a Machado cambia de manos con sorprendente facilidad, especialmente cuando el metal precioso entra en juego.

El recorrido madrileño de Machado continuó con una parada estratégica en la sede de Disenso, donde fue recibida por Santiago Abascal, líder de Vox. Allí, Abascal no dudó en elevar el tono, calificándola como “un referente internacional de la libertad” y destacando sus “actitudes absolutamente heroicas”. También recordó su adhesión a la llamada Carta de Madrid, una iniciativa promovida por la propia fundación junto a figuras como Javier Milei, Giorgia Meloni y José Antonio Kast. Una constelación ideológica que, según sus impulsores, marca el inicio de una nueva cruzada por la libertad en Hispanoamérica, aunque sus detractores la consideren más bien un club selecto con aspiraciones geopolíticas.

Todo esto ocurría mientras, en paralelo, Pedro Sánchez se reunía en Barcelona con líderes como Gustavo Petro, Luiz Inácio Lula da Silva y Claudia Sheinbaum, dibujando así dos fotografías simultáneas de la política internacional: una más alineada con la izquierda latinoamericana y otra claramente escorada hacia la derecha global.

El cierre de la gira no pudo ser más elocuente. Machado rechazó reunirse con Sánchez, justificando su decisión precisamente en ese encuentro paralelo, dejando claro que en política exterior también se elige con quién no sentarse. Una postura que fue rápidamente respondida por el ministro José Manuel Albares, quien recordó que España había ofrecido el apoyo y la protección de su embajada a la solicitud de la venezolana, y que había sido el Gobierno de Pedro Sánchez quien refugió a González y facilitó su traslado a Madrid en un avión del Ejército del Aire.

Así concluye una visita que, más allá de los gestos y las declaraciones, deja una pregunta flotando en el aire. ¿Estamos ante una líder que construye futuro o ante un relato cuidadosamente diseñado para parecerlo? Porque en esta gira madrileña, entre llaves de oro, abrazos en Sol y recepciones casi presidenciales, la política volvió a demostrar que, a veces, la escenografía pesa más que la realidad

José Antonio RULFO.

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