En la Tierra a miércoles, mayo 13, 2026

PICOLETOS DE TODO A CIEN

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España es un país de extremos y resignaciones. Lo mismo vemos dejar en libertad a violadores gracias a leyes mal hechas y peor pensadas de doña Irene, que condenar a cien años y un día al de turno para que el pueblo aplauda mientras, por la puerta de atrás, salen asesinos con las manos manchadas de sangre convertidos en “gudaris” de postal.

A las diez de la mañana, un control cualquiera en cualquier carretera de España. Bueno, en casi cualquiera. Hay sitios donde puedes fumarte tus canutos sin molestar demasiado a los ertzaintzas y los mossos….

—Baje la ventanilla.

Lo correcto sería:
—Buenos días, ciudadano, ¿puede bajar la ventanilla?

Conductor uno:
—Claro, agente.

Conductor dos:
—Que te follen, picoleto.

Ante semejante panorama, el agente de la benemérita deja marchar al del coche dos para evitar problemas y se centra en el uno, el educado, el que ya ha bajado la ventanilla.

Entonces continúa el ritual:
—Abra la boca. Meta este palo y chúpelo.

El palito entra en un aparato que no sirve para tomar por culo, pero sí para decidir si te arruinan el mes. Sale color multa. Cannabis.

Y yo me pregunto: ¿sabe el guardia cuánto has fumado?, ¿cuándo?, ¿si fue hace tres días?, ¿si estás medicado?, ¿si eres un enfermo al que le han mandado marihuana para soportar el dolor?

No. El galán del uniforme sólo mira la lucecita y sentencia:
—500 euros y 6 puntos.

Me lo contaba un amigo que está tratándose un cáncer y fuma marihuana para aliviar el dolor. Llevaba tres días sin tocarla. Le dije que recurriera la multa.

Lo hice porque yo también tuve mi episodio glorioso con la autoridad. Me dio un desmayo conduciendo por Las Rozas de Madrid y llamé pidiendo auxilio para que me llevasen al hospital. El policía local, que además era de Parla, decidió que lo urgente no era ayudarme, sino hacerme una prueba de alcoholemia.

Ni hospital ni asistencia. Primero soplar.

Al final, sus pruebas quedaron en nada y denuncié lo ocurrido. Imagino que aquello dormiría en algún cajón para evitar que un juez viera el esperpento y mandase a más de uno a pastar.

Estos señores de traje verde, que siempre dan tanto miedo, se parecen un poco a los curas de antes: viven de la autoridad que impone el uniforme aunque muchos lleven los puños raídos y la dignidad cansada, mientras arriba los jefes se ponen morados a gambas, alquileres, favores y privilegios.

Y uno acaba preguntándose si de verdad se sienten orgullosos de jodernos un poquito más cada día.

Te sale mejor saltarse el control que son 200 euros y 4 puntos… Así si me véis a correr chicos…

pedro de aparicio y pérez de Lucentis…

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